Los Carlinos que fastidiaron al Emperador

Fuente: Leer Perros blog de Rafael Fernandez de Zafra Abril 2015.
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El carlino, pug o mops, fue una raza de perro muy apreciada por la aristocracia francesa desde el segundo tercio de 1700, y tras el paso de la revolución francesa. Fue un símbolo de la aristocracia del antiguo régimen, que trajo algunos ejemplares desde Holanda, que recogió la alta burguesía, los escritores de la época (léase Voltaire que tuvo uno) la naciente masonería (recordemos que el carlino fue uno de sus símbolos) y la restituida nobleza. De hecho por la influencia francesa, la raza llega a España, en un número minúsculo y siempre entre la nobleza afrancesada que les llamó “doguillos”.


Napoleón Bonaparte amó a los perros y odió a los carlinos; un caniche o barbet fue uno de sus favoritos, por ser la mascota del ejército francés y otro un Terranova, que según cuenta la leyenda le salvó de morir en la Isla de Elba, en su exilio cuando intentaba huir de ella. Pero estas son otras historias que os contaré en su momento…ahora os voy a contar lo que se de los carlinos que fastidiaron a Napoleón.


MOHILOFF

Mohiloff era un carlino macho propiedad del Duque de Enghien, S. Exc. Luis Antonio Enrique de Borbón – Condé, que compró en Rusia en 1798, concretamente en Volhyne. Era de color leonado, pues así se lo pidió su prometida la Princesa de Rohan, y el pequeño pug les acompañó por toda Europa en sus viajes.

Injustamente acusado por Napoleón de conspirar contra su persona en un complot realista (por aquellos entonces el futuro emperador era Primer Cónsul de Francia) apresaron al aristócrata de 31 años, en su residencia de Ettenheim, comarca de Baden, a orillas del Rin, en la noche del 15 al 16 de marzo de 1804, se le llevó a encarcelar al Castillo de Vincennes, próximo a París.

El perro siguió la carreta como pudo hasta el gran Rin, y, a pesar de que los soldados trataron de espantarlo, cruzó el río, le siguió el rastro y pudo encontrar al coche de caballos en una parada que efectuaron en Luxemburgo, extenuado se echó a los pies del noble y los soldados le dejaron acompañar a su dueño. El aristócrata pidió al comandante del castillo que le dejase ser acompañado por el animal, único amigo que no se había separado de él y le dio la mitad de su guisado y su fricandó.




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El animal acompañó a su dueño al consejo de guerra, sin garantía legal alguna, que le condenó a muerte, ejecutándole de un certero disparo efectuado por el pelotón de fusilamiento, en el foso del castillo la lluviosa noche del 21 de marzo de 1804. Antes de morir se ajustó la casaca y dijo “Así que hay que morir en manos de los franceses” …………Allí se refugió entre las piernas del difunto señor, bajando a la zanja por las resbaladizas escaleras de piedra, donde le separaron del cadáver. Gemía.

El cadáver fue arrojado a una fosa de basura y allí tornó el perro aullando, dando vueltas y escarbando el suelo y sobre su amo y señor.


La princesa pidió que le enviasen el perrito pero la policía napoleónica lo impidió.


En un acto de caridad hacia Mohiloff, le recogió el Marqués de Béthisy, pero se le escapó para ir a echarse sobre el lugar donde ejecutaron a su amo. Los gendarmes que custodiaban el lugar echaron repetidamente al perro de allí. Al irse los gendarmes el perrito se echó sobre donde yacía su amo y murió de inanición una semana después, gimiendo sin consuelo.

El marqués recogió el cadáver y lo mandó embalsamar admirado por tan gran fidelidad, exponiéndolo en el museo de Rohan, durante un tiempo.

Muchas personas por ese acto, denostaron y restaron fama a Napoleón que tuvo mucho que hacer para recuperar su imagen pública, pues la historia del perrito y su amo llegó a todos tras exponer su cuerpo enbalsamado contribuyendo a difundir el crimen napoleónico.

Al morir el marqués su viuda entregó el animal disecado a Exode Marsillé.

Welschinger fotografió al animal disecado y publicó el relato que escuchó de los de Béthisy en el “Le Monde Illustré” el 22 de diciembre de 1888.

El que hoy os traslado es una recopilación del mismo y del realizado por Bernardine Melchior - Bonet (Le duc dÉnghien, Amiot - Dumont 1954).


LOS CARLINOS DE JOSEFINA DE BEAUHARNAIS.

La bellísima aristócrata, criolla de nacimiento (nació en la Isla de la Martinica en 1763) y desposada en primeras nupcias en 1780, con el Vizconde Alexandre de Beauharnais, un hombre bebedor e infiel (se separó de él tres años después de casada) , tenía un carlino regalado por el referido Vizconde, llamado Fortune al que adoraba con locura. El animal le sirvió de correo introduciéndole pequeños papeles en su collar, entre ella y su esposo cuando ambos estaban en la prisión de Les Carmes en 1794 año en el que, en plena revolución francesa, guillotinaron al aristócrata. Cuentan las crónicas que le dejaron tener al animal en prisión gracias a que sobornaron a la guardia.



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Dos años después en 1794, se casa con Napoleón acompañada por Fortune. Las cosas empezaron mal entre el emperador y el carlino, pues durante todo el tiempo de relaciones entre ellos el perro gruñía al militar. La noche de bodas (9 de marzo 1796) no fue menos complicada y quiso echar al mops de la cama y Josefina no consintió dejar fuera del lecho a su mimado y consentido perro. Cedió Napoleón a este deseo, que estuvo a punto de costarle los atributos masculinos. En la época se decía que Bonaparte en sus acciones amorosas gustaba de un sexo rápido, lujurioso, veloz y ruidoso, los cronistas decían “como un bombero apagando fuego”….la pareja gritaba, jadeaba…..el perrito creyendo que dañaban a su ama mordió a su flamante esposo en las partes nobles o muy cerca de ellas en la entre pierna, por lo que la noche de bodas se rompió, pero ni por esas quiso dejar fuera de la cama a Fortuné…..pactaron que el perro se quedaba en la cama pues “si Fortuné no duerme en la cama tampoco lo haré yo” dijo su ama. Todos sabían cuando Napoleón yacía con Josefina….los de dentro de palacio por sus gritos….los de fuera por ver al perro en el balcón del dormitorio….

Josefina nunca se separaba del perrito; cuando Fortuné fue encontrado muerto en el jardín, mordisqueado, a manos de un bulldog o perro de presa, (no hay acuerdo respecto a ello), del cocinero, lloró mucho su pérdida. Tuvo tanta pena, no tenía consuelo; Napoleón le regaló a Fortune II.

Durante todo su matrimonio napoleón durmió, a pesar suyo con un carlino, al parecer de un modo pacífico tras la muerte de Fortuné I.

La que luego fue emperatriz de Francia y ascendiente de las monarquías de España, Grecia, Suecia, Belgica. Luxemburgo, Monaco, Noruega, Dinamarca y Gran Ducado de Liechtestein, se divorció de Napoleón en el año 1809, ya que el mismo la repudio por no darle descendencia y se fue a vivir al castillo de Malmaison rodeada de sus carlinos y 650 rosales (hay un rosal que tiene el nombre de este Castillo y es creado en esa época), lugar en el que llevó una vida tan lujosa y holgada como siempre, gracias a la generosa asignación del Emperador, en la que se contemplaba una asignación para sus perros, derrochando todo el dinero que caía en sus manos. Tras abdicar Napoleón fue protegida de Alejandro I de todas las Rusias, falleciendo en 1814 un 29 de mayo, más enamorada de su segundo esposo que cuando se casó por interés con él


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